El taller,
ordenado.
Cada bicicleta que entra tiene ficha. Cada presupuesto sale con fotografía y precio por partida. Cada pieza que montas se descuenta sola del inventario. Y cuando el cliente vuelve dos años después, consta exactamente qué se le hizo.
Un buen taller pierde dinero en el papeleo, no en el trabajo.
El oficio ya lo tienes. Lo que se escapa está en los bordes: lo que no se apuntó, lo que se aprobó de palabra, la refacción que faltaba. Cuatro fugas que se repiten en prácticamente todos los talleres que hemos visitado, del boutique de zona corporativa al de barrio con alta rotación.
La libreta se pierde. La conversación también.
Las órdenes acaban repartidas entre una libreta de remisión, tres conversaciones de mensajería y la memoria de quien atendió ese día. Cuando el cliente vuelve preguntando qué se le hizo en marzo, nadie puede responder con certeza.
El presupuesto se aprueba de palabra.
«Dijiste que eran ochocientos.» «Dije ochocientos más la cadena.» Sin fotografía y precio por partida registrados antes de tocar la bicicleta, esa discusión la pierde siempre el taller.
Descubres el faltante el sábado con cola.
El inventario se lleva de cabeza hasta que un fin de semana con el taller lleno resulta que la última pastilla se fue el martes. El pedido al proveedor se hace tarde y la bicicleta se queda a medio montar.
El software disponible es de automoción.
Casi todo lo que existe se diseñó para talleres de coches y se adaptó a la fuerza. Pide número de placa, no entiende de talla de cuadro, de grupo, ni de número de serie estampado bajo el eje pedalier.
De la puerta a la entrega.
Así recorre una bicicleta el taller. Selecciona cada parada para ver qué ocurre dentro del sistema y de qué se entera el cliente en ese momento.
La bici cruza la puerta
40 segundosSe abre la ficha con una foto y el número de cuadro. Si el cliente ya vino antes, aparece todo lo que se le hizo: cuándo se cambió la cadena, qué pastillas lleva, si el buje trasero ya dio guerra.
El cliente recibe el resguardo en el móvil antes de salir de la tienda.
Lo que cambia desde el primer día.
La orden llega en PDF por WhatsApp
El cliente recibe un documento formal con el diagnóstico, las partidas y las fotografías, antes de salir de la tienda. Para un taller que trabaja bicicletas de ciento cincuenta mil pesos, entregar una nota de papel manchada de grasa cuesta más de lo que parece.
El inventario se descuenta al montar
La pieza sale de existencias en el momento de instalarla, sin registro aparte. Cuando queda la última de un modelo, el sistema avisa antes de que te quedes sin ella, no después.
Se recupera lo que hoy se pierde
Refacciones instaladas que nunca se cobraron, bicicletas que el cliente olvidó recoger, horas invertidas en reconstruir de memoria lo que se hizo. La mensualidad se cubre evitando esas fugas durante una sola semana de operación.
Sin plazo forzoso
Si no encaja con tu forma de trabajar, se cancela y se acabó. Preferimos un taller que renueva cada mes porque le sirve, a uno atrapado en un contrato de doce.
Diseñado mirando un taller, no una hoja de cálculo.
Para manos con grasa
Objetivos táctiles grandes, pocas pantallas y ningún menú desplegable diminuto. Se opera con guante puesto y con una sola mano, mientras la otra sostiene la bicicleta.
Para el mostrador y el fondo del taller
La misma orden se presenta igual en la tableta del área de trabajo que en el equipo de recepción. Lo que marca el mecánico lo ve de inmediato quien atiende al cliente.
Para bicicletas, no para coches
Número de serie, talla de cuadro, grupo, medida de rueda y recorrido de horquilla. Los campos que un mecánico de bicicleta necesita, y ninguno de los que no le sirven.
Para talleres que responden de su trabajo
Cada bicicleta conserva su historial completo de forma permanente. Cuando regresa dos años después, consta qué llevaba, quién lo montó y con qué apriete se cerró cada tornillo.
Un plan. Todo incluido.
Sin niveles, sin funciones bloqueadas y sin coste por usuario. El taller entero trabaja sobre la misma cuenta, con el número de mecánicos que haga falta.
Garage
- Órdenes de servicio sin límite
- Ficha e historial permanente de cada bicicleta
- Presupuesto con fotografía y precio por partida
- Aprobación del cliente desde su teléfono
- Inventario que se descuenta al montar la pieza
- Aviso de existencias antes de quedarte sin la refacción
- Envío de la orden en PDF por WhatsApp
- Usuarios ilimitados del taller
Sin plazo forzoso. Transferencia SPEI o efectivo. Con cargo automático por Stripe son $629 MXN al mes.
Kit de instalación
Si prefieres no poner el equipo, lo llevamos montado el primer día. Se suma a la mensualidad de $599.
- Tableta configurada y lista para usar
- Funda de uso rudo para ambiente de taller
- Soporte de pared instalado
- Puesta en marcha y traspaso de tus datos actuales
Opcional. Si ya tienes tableta o computadora en el mostrador, no lo necesitas.
¿Cuántos servicios cubren la mensualidad?
Es la pregunta que se hace cualquiera al ver una cuota mensual. Ajusta los números a los de tu taller y marca solo las fugas que reconozcas de tu operación.
156 al mes, contando de lunes a sábado.
La mensualidad equivale al 0.9% de tu facturación de servicio.
Con eso ya cubres los 599 pesos. A tu ritmo de 156 servicios al mes, el sistema se paga solo y quedan $3,831 de fuga evitada, alrededor del 6.3% de tu facturación de servicio.
Cada fuga se calcula por frecuencia estimada y no como cargo fijo: estas cosas ocurren en una fracción de las órdenes, no en todas. Repartirlas sobre el total inflaría la cifra hasta volverla inútil. Son estimaciones conservadoras y de partida. Si en tu taller salen distintas, queremos conocer las tuyas.
Enséñanos tu taller.
Lo estamos construyendo con talleres en operación, no sobre una pizarra. Si llevas uno y quieres que el sistema se parezca a cómo trabajas de verdad, escríbenos y lo vemos sobre el mostrador.